¿Puede China exportar su modelo de lucha contra la desertificación a África?

¿Puede China exportar su modelo de lucha contra la desertificación a África?

En África, la lucha contra el avance de los desiertos adquiere una nueva dimensión con la llegada de China. El país propone un enfoque original que va más allá de la simple restauración ecológica. A diferencia de los métodos occidentales centrados en la protección de la naturaleza, China apuesta por el ecodesarrollo. Esto significa que combina la plantación de árboles con la construcción de grandes infraestructuras, la instalación de energías renovables y la transformación de los medios de vida de las poblaciones locales. Este modelo se ha perfeccionado durante décadas en el marco del programa chino de las Tres Norte, un vasto proyecto de reforestación y estabilización de suelos áridos.

África, con su iniciativa de la Gran Muralla Verde, busca restaurar 100 millones de hectáreas de tierras degradadas para 2030. Sin embargo, a pesar de los importantes financiamientos, los resultados siguen siendo limitados. Solo se ha alcanzado el 4 % del objetivo hasta la fecha. Los proyectos africanos se enfrentan a dificultades logísticas y financieras. Los fondos prometidos por los donantes internacionales tardan en llegar al terreno, y los árboles plantados rara vez sobreviven sin riego adecuado.

China, por su parte, ha logrado transformar zonas áridas en espacios productivos. Utiliza técnicas como el riego solar, la fijación de dunas con redes de paja y la integración de granjas solares en las zonas reforestadas. Estas innovaciones no solo permiten reverdecer los desiertos, sino también crear empleos y apoyar la agricultura. Por ejemplo, carreteras que atraviesan el desierto están protegidas por cinturones vegetales, mientras que paneles solares proporcionan electricidad al tiempo que albergan cultivos.

Sin embargo, transponer este modelo a África no es sencillo. Las diferencias en gobernanza y recursos complican la adopción de los métodos chinos. En Mauritania, un parque tecnológico sino-africano prueba el riego solar para cultivar durante todo el año, pero los resultados siguen siendo modestos debido a las limitaciones locales. En Etiopía y Nigeria, proyectos piloto muestran señales alentadoras, pero su expansión requiere una fuerte voluntad política y inversiones sostenibles.

El desafío va más allá de lo técnico. Se trata de elegir entre dos visiones: restaurar la naturaleza por sí misma o desarrollarla para satisfacer las necesidades humanas. China demuestra que es posible hacer ambas cosas, siempre que las soluciones se adapten a las realidades africanas. Las asociaciones en curso podrían ofrecer una vía intermedia, combinando innovación china y conocimientos locales. El futuro de la Gran Muralla Verde dependerá de esta capacidad para conciliar ecología y desarrollo, sin sacrificar uno por el otro.


Crédits

Étude source

DOI : https://doi.org/10.1007/s13280-026-02363-5

Titre : From the Gobi to the Sahel: Can China’s anti-desertification model work in Africa?

Revue : Ambio

Éditeur : Springer Science and Business Media LLC

Auteurs : Annah Lake Zhu; Jesse Rodenbiker; Xiaona Guo; Amadou Ndiaye; Yongdong Wang; Yuan You; Zinabu Bora; Xiaosong Li; Jiaqiang Lei; Ruishan Chen

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